El apego seguro se fomenta estando disponible cuando nuestres hijes nos necesiten, acompañando y comprendiendo en las emociones. Pero esto no implica tener que estar disponible 24 horas, ni que no se frustre, ya que la frustración es una capacidad muy importante que debemos dejar que aprendan.
Por supuesto, nada de esto es sencillo, existen múltiples teorías que nos hablan de cómo llevarlo a cabo y a veces tanta información es abrumadora. Para eso hemos diseñado estas ideas, para que sean un sostén en el día a día que te puedan acompañar sin exigir ni hacerte sentir culpable. Recuerda que tú también estás aprendiendo a ma/paternar.
1.No es necesario hacerlo perfecto siempre.
Si durante todo el día has hablado de forma asertiva, has explicado, negociado, sostenido, etc. y en un momento dado te has salido del ‘guión’ ideal, no pasa nada. Lo importante es que la mayoría de las interacciones estén en sintonía con lo que buscas, pero es lógico que no se pueda mantener el 100% de las veces.
Además, es mucho más importante volver después de una ‘mala’ interacción, explicar qué ha pasado, cómo te has sentido, disculparte, recuperar el contacto y la relación, refuerza mucho más el vínculo que hacerlo siempre perfecto. De este modo, tu hije aprenderá que puede cometer errores sin que eso lo haga ‘male’ o ‘no queride’; además de aprender a disculparse y reparar la relación después de una equivocación.
2.Cuando tu hije llora: está expresando una necesidad.
A veces la gente te dirá que si acudes con el llanto lo harás peor, pero el llanto es su manera de exponer una necesidad. Recuerda que su vocabulario y capacidad de comunicación es diferente, y su forma de poder decir que necesita algo es con el llanto.
Si acudes cuando llora, le sostienes y cubres su necesidad, reforzarás mucho más ese apego seguro que el ignorándolo, ya que de ese modo aprenderá que no puedes/quieres cubrir necesidades y sí, dejará de llorar, ya que no consigue cubrirlas con ello, pero no por eso dejará de tenerlas. Sin embargo, si acudes con el llanto, se sentirá lo suficientemente seguro de explorar el mundo sabiendo que si lo necesita podrá volver.
3.Antes de ponerle la mascarilla de oxígeno a nadie más, póntela a ti.
Esto nos lo dicen en los aviones y lo entendemos: si no podemos respirar, no podremos ayudar a nadie más. Esto también sucede en la crianza y en el día a día. Necesitamos red de apoyo, cuidados, descanso, espacio propio, etc.
Encuentra la forma de encontrarte en calma, cada quien tiene la suya: naturaleza, estar con amigas, una ducha en soledad, una comida en silencio, una siesta,... la energía que obtengas de eso se contagiará a tu hije.